Lucrecia Herrera lucha por entrega del ROP de su esposo, que tras dos infartos y derrames requieren atención médica

18 de marzo de 2026

Leonel Mata tiene 67 años y casi 5 de pensionado. Las últimas décadas de su vida laboral, las pasó en las instalaciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), velando por la seguridad de otros

Leonel Mata tiene 67 años y casi 5 de pensionado. Las últimas décadas de su vida laboral, las pasó en las instalaciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), velando por la seguridad de otros. Según cuenta su esposa, bajo el sol o la lluvia, sano o enfermo, Leonel “nunca le falló a ningún patrono” y siempre cumplió con su trabajo.

Con su pequeño salario, el hombre y su esposa, Lucrecia Herrera compraron una casita y sacaron adelante a sus hijas. Más o menos un año antes de pensionarse, Leonel tuvo un infarto y un derrame, y hace dos años, volvió a suceder.

Desde entonces, cuenta su esposa, sus facultades mentales se han reducido y su cuido se ha vuelto más complejo. Además de la asistencia básica que requiere, Leonel toma 17 pastillas diferentes cada día para sus distintos padecimientos y a pesar de que se le compran medicamentos por fuera y del cuido amoroso de su esposa, vive con dolor y constantemente en espera de atención médica.

Debido a la crisis que atraviesa la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), las citas para procedimientos quirúrgicos que requiere o incluso, para valoraciones con especialistas , se las dan con años de distancia y su esposa debe andar —en sus propias palabras—  “mendigando” y “peleando” porque le brinden atención.

Todo esto, además de pagar recibos, apoyar a su hija en los estudios y abonar cada mes a las deudas de su esposo, Lucrecia debe cubrirlo con el reducido ingreso de la pensión y lo poco que le depositan mes a mes del Régimen Obligatorio de Pensión Complementaria (ROP). “Cada mes yo le pido a Dios que me repare, no sé de dónde, pero que me repare, porque de veras hay que hacer de tripas chorizo para salir adelante”.

La mujer asegura que si tan sólo la operadora de pensiones le entregara lo que a su esposo le corresponde podría saldar las deudas, liberando así los ingresos mensuales para costear doctores y medicinas para brindarle a su esposo “un poquito de calidad de vida”.

Maximiliano Nájera: Trás más de tres décadas de trabajo duro, la pensión no alcanza para —literalmente— sostener el techo

Maximiliano Nájera trabajó más de 30 años como chofer de bus de distintas líneas. Durante todos esos años, se dedicó a trabajar desde las 3 a.m. hasta ya entrada la noche, a veces incluso doblando turno, todo para poder darle a su familia un techo y poner comida sobre la mesa.

El año pasado “lo jubilaron”, dice, a sus 63 años y desde entonces, las cosas se han complicado, pues la pensión no alcanza para los gastos suyos y de su pareja, aunque viven “humildemente”.

Del ROP, cuenta, le llegan cerca de ₡50.000 cada mes “que no es mayor cosa, pero de algo le sirve a uno”, aunque asegura que preferiría que se lo den para poder terminar su casita, que tiene “a medio palo” y para costear los medicamentos que toma.

Lo primero que haría, dice, es arreglar el techo, pues es de madera que ya está “podrida prácticamente” y causa grandes goteras en invierno. “Si me descuido, se la lleva el viento y me cae encima”, dice entre risas.

Además, Nájera padece de cataratas oculares y como no ha tenido dinero para operarse por vía privada, tuvo que esperar años a que la CCSS le diera las citas de cirugía y de seguimiento. “Yo quisiera que los diputados que por favor nos ayuden, porque la verdad es que yo lo necesito porque ya prácticamente no puedo trabajar yo, ocho horas no soporto y estoy con condición de salud no muy buena”.

El hombre asegura que como si todo eso fuera poco —y aunque las operadoras aseguran que dan los fondos poco a poco para seguirles ganando intereses que eventualmente devolverán a la gente— el monto total de su ROP ha bajado considerablemente desde que se pensionó. “Yo lo resolvería mejor si me lo dan, porque con eso hago un apartamentito en la casa y eso me daría una entradita”, dice y sueña con que incluso generaría un ingreso para su familia, cuando él ya no esté.

Alfonso Obando pide que entreguen el ROP pues “en lugar de estar ganando, estoy perdiendo”

Alfonso Obando es vecino de Cachí y durante décadas trabajó en múltiples oficios difíciles: zapatero, chapiador, peón agrícola y hasta limpiando excusados. “De todo he hecho”, dice.

Hace unos años se pensionó, pues padece de lesiones que le impedían continuar trabajando en esos oficios y fue entonces que, para completar el insuficiente ingreso de la pensión, adquirió un préstamo para comprarse un carrito “para piratear”. “Ahí se me complicó la cosa porque los bancos son los más ladrones”, dice y cuenta cómo, una y otra vez, ha tenido que pedir plata prestada para hacer frente al cobro de las entidades financieras, de las que desesperadamente desea desligarse y por eso, quiere que le entreguen completo su ROP.

Y es que el total de su pensión actual es de poco más de ₡200.000 y de ahí, no solamente debe pagar las deudas, sino que debe hacerle frente a dos pensiones alimentarias y ver por su hijo menor, un pequeño de cinco años que está dentro del espectro autista, por lo que requiere atención especializada.

Con todo y sus lesiones, Alfonso ha tenido que volver al campo y “aquí ando pulseándola, sembrando ayotico en un pedacito que me prestaron”, pero la ganancia es poquísima.

Sobre su fondo de pensión complementaria, Obando se queja de que cuando lo pensionaron, “me dijeron que eso iba a ganar intereses pero yo tenía ₡4 millones y figúrese que un día de estos, abrí la cuenta y ya va por 2 millones y medio. Entonces, en lugar de estar ganando, estoy perdiendo y por eso es que todo el mundo queremos que lo den, porque uno resuelve mejor”.

Alfonso dice que es “puro cuento” que las operadoras estén invirtiendo mejor el dinero de lo que él mismo podría administrarlo, pues al menos podría liquidar deudas y dejar de pagar intereses, que son mayores a lo que su cuenta del ROP, “si es que alguna vez crece”.

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